Paradigma disciplinario-institucional (Foucault)
El paradigma disciplinario, formulado principalmente por Michel Foucault en Vigilar y castigar (1975), describe un modelo de organización social basado en la gestión y normalización de los cuerpos, cuya finalidad es producir sujetos funcionales, obedientes y previsibles. Este paradigma sostiene que las instituciones modernas (la escuela, el hospital, el cuartel, la fábrica y la prisión) comparten un conjunto de técnicas que permiten vigilar, clasificar, corregir y modelar conductas.
Aunque la escuela rara vez se reconoce como espacio represivo, Foucault la conceptualiza como una forma “dulce” de prisión pedagógica, donde la coerción es sutil, distribuida y legitimada bajo la idea del “bien educativo”. Bajo este paradigma, la escuela se vuelve un dispositivo disciplinario en cuatro dimensiones fundamentales:
1. Arquitectura del encierro
La organización física no es inocente: el aula, los pasillos, los patios vallados y las puertas cerradas materializan una lógica espacial que separa, encierra y controla. Su función es hacer visible al alumno y facilitar la vigilancia, condición esencial del poder disciplinario.
2. Tiempo segmentado y cronoprogramado
La disciplina opera también sobre el tiempo: horarios rígidos, cambios de materia cada 45 minutos, rutinas repetidas y recreos pautados. Esta gestión fabrica cuerpos adaptados al ritmo industrial y a la productividad.
3. Examen, evaluación y clasificación
El examen es el dispositivo clave. No solo mide, sino que compara, jerarquiza y normaliza. La calificación permite distinguir al “aplicable” del “inaplicable”, al “normal” del “desviado”, generando identidades escolares duraderas.
4. Auto-vigilancia
El mayor éxito del paradigma disciplinario es que el poder deja de ser externo: el sujeto aprende a controlarse, a corregirse y a evaluarse. La vigilancia se interioriza y se vuelve auto-gobierno de la conducta.
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